Los primeros en ponerse a hablar fueron los músicos. Un segundo violín se inclinó hacia la mujer que tenía a su lado y le preguntó si ya había hecho planes para las vacaciones. En la segunda fila, un fagot dijo a un oboe que al día siguiente empezaban las rebajas de Benetton. El público de los palcos proscenio, que era el que mejor veía a los músicos, no tardó en imitar sus cuchicheos. Otro tanto hicieron a continuación los que llenaban los anfiteatros y, por último, los ocupantes de las butacas de platea, como si los más ricos fueran también los más reacios a permitirse esta falta de disciplina.

El murmullo crecía. Pasaban los minutos. De pronto, se ahuecaron los pesados pliegues del telón y, por una estrecha abertura del terciopelo verde, apareció Amadeo Fasini, el gerente del teatro, con aire cohibido. El técnico de iluminación que ocupaba la cabina situada encima del segundo piso, desconcertado, decidió enfocarlo con un brillante haz blanco, deslumbrando a Fasini, que hizo pantalla con el antebrazo, como para protegerse de un golpe, y empezó:

– Señoras y caballeros… -se interrumpió y, con la mano izquierda, hizo furiosas señas al técnico que, al percatarse de su error, apagó el foco. Superada su ceguera momentánea, el hombre del escenario volvió a empezar-: Señoras y caballeros, lamento tener que comunicarles que el maestro Wellauer no podrá seguir dirigiendo la orquesta. -En la sala crecían los cuchicheos, se volvían cabezas y crujían sedas, pero él prosiguió, ajeno al ruido-: Ocupará su lugar el maestro Longhi. -Antes de que el murmullo del público ahogara su voz, Fasini preguntó en tono estudiadamente tranquilo-: ¿Hay algún médico en la sala?

Siguió a la pregunta una larga pausa, y los asistentes empezaron a mirar en derredor: ¿quién se ofrecería? Transcurrió casi un minuto. Por fin, en una de las primeras filas de platea, se levantó una mano lentamente y una mujer se puso en pie. Fasini hizo una seña a uno de los acomodadores que estaban al fondo de la sala, y el joven se adelantó rápidamente hasta el extremo de la fila donde se encontraba la mujer.



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