Donna Leon


Muerte en la Fenice


Título original: Death at La Fenice

© traducción: Ana Mª de la Fuente

Ah, signor, son rea di morte

E la morte io sol vi chiedo;

Il mio fallo tardi vedo;

Con quel ferro un sen ferite

Che non merita pietá,

Ah, señor, rea soy de muerte

y sólo la muerte os pido;

advierto tarde mi yerro;

hiera vuestro acero

un pecho que no merece piedad.

Cosi Fan Tutte


CAPÍTULO I

El tercer aviso, que anunciaba que iba a continuar la ópera, sonó discretamente en los salones de descanso y los bares del teatro La Fenice. El público apagó los cigarrillos, apuró las copas, concluyó las conversaciones y se dispuso a volver a sus localidades. En la sala, brillantemente iluminada durante el entreacto, se oía el sordo bullicio de los que entraban. Aquí refulgía una joya, allí una estola de visón se ceñía a un hombro desnudo o una uña sacudía una mota de polvo de una solapa de satén. Primero se llenaron los pisos, después la platea y, por último, las tres hileras de palcos.

Menguaron las luces, quedó en penumbra la sala y renació la expectación creada por la representación en curso, mientras el público esperaba que el director de orquesta volviera a subir al podio. Poco a poco, se apagó el murmullo de voces, cesó el rebullir de los músicos y se hizo el silencio total que anunciaba la disposición de la concurrencia a presenciar el tercer y último acto.

El silencio se dilataba, se hacía más denso. En el primer anfiteatro sonó una tos, seguida de un golpe seco de un libro, o de un bolso, contra el suelo. La puerta del foso de la orquesta seguía cerrada.



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